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24 Febrero 2006

Bienvenidas sean las fiestas carnavaleras... ¿A que molan las gafas con enorme nariz colgante que lucimos Cucún y yo?
Y es que, gracias al Carnaval, transcurren días ideales para cubrirnos con máscaras sin que nadie nos llame cobardes por escondernos tras ellas. Ojalá esto fuera posible todo el año.
Disfrutad con los disfraces. Luzcamos nuestras máscaras sin complejos. Feliz Carnaval.
FUNDIDO A NEGRO
23 Febrero 2006

En mi poco admirada "Lucía y el sexo", hay una secuencia en la que Lucía afirma algo así como: "Siempre me ha fascinado la gente que cocina bien". No me acuerdo de la frase exacta (que algún fan acérrimo de la peli me la refresque), pero el caso es que a mí me sucede lo mismo que al personaje que interpreta la señorita Paz Vega. Es decir, a mí me fascinan Samuel y Sonia.
El viernes pasado, Samuel nos invitó a Ale, a Sonia y a mí a cenar en su casa. En teoría, antes de la cena, debíamos ensayar un rato el guión de "Nuestro propio cielo", pero al final nos dejamos llevar por la pereza del fin de semana y se nos fue la pinza en una larga, amena y distendida charla acerca de fantasías de diversa índole, recuerdos agridulces, acogedoras viviendas con decoración estancada y secretos revelados en voz baja.

Luego, Samuel, todo un señor chef, y Sonia, experta ayudante de cocina, prepararon, en asombroso tiempo récord, una exquisita selección de manjares. Como entrantes: unas croquetas muy ricas, una especie de buñuelos de queso (Samuel, no me mates por llamarlos "buñuelos", ¡es el único término que se me ocurre para designarlos!) y paté con mermelada, mezcla esta última que jamás había probado. En definitiva, gloria bendita para mi atrofiado paladar, excesivamente acostumbrado al repulsivo regusto de la comida de microondas.
Y, sin duda, Samuel es la revelación de la temporada: un tío carismático, una enciclopedia andante de datos relacionados con el cine español y un adicto como yo a las canciones tristes.

Me quedé casi lleno con los entrantes, pero aún había más: delicioso pollo con verduras. Que vivan los sabores orgásmicos... Después del pollo, Sonia nos brindó un postre de su exclusiva cosecha: extasiante mousse de limón. "Me comería un cubo de esto", aseguró Ale. Y Sonia prometió prepararle un cubo de mousse, pero no explicaré bajo qué condiciones... Je.

Como podéis comprobar por las imágenes que ilustran esta gastronómica secuencia, me harté de apuntar a Ale, Sonia y Samuel con mi cámara. Soy terriblemente plasta, pero es que ellos constituyen verdaderos polos magnéticos para cualquier objetivo.
Prometimos rodar algo juntos, los cuatro, y espero que pronto materialicemos algún proyecto. De momento, aquí abajo va una imagen de trío, en homenaje a dos de nuestras pelis favoritas sobre tríos: "Y tu mamá también", de Alfonso Cuarón, y "Soñadores", de Bernardo Bertolucci.

Tras la cena, mientras sonaban canciones de Julieta Venegas, hablamos de la cruz de los grandes sueños, de la pesada carga que suponen y conllevan. Y, así, cumplimos un ritual que casi nunca falla cuando nos juntamos unos cuantos masoquistas de esto del cine. El ritual consiste en maldecir durante un rato nuestras, por momentos, atosigantes vocaciones artísticas, en este caso, ellos como actores y yo como directorcillo.
Y nos autoflagelamos y deseamos no soñar tanto o haber nacido con sueños más llevaderos, más fácilmente materializables y menos expuestos al frustrante abismo... Pero el ritual nunca se alarga más de lo necesario y siempre concluye de la misma manera: cada uno de nosotros termina reconociendo irremediablemente que, en el fondo (y, muchos días, también en la superficie), nos apasiona nuestra cruz, nuestra constatada incapacidad para dedicarnos a cualquier otra cosa.
Rienda suelta a los grandes sueños... El viernes fue un día de recorridos en volandas. Un día extraño, divertido, semialegre y también semitriste.
FUNDIDO A NEGRO
20 Febrero 2006

Hoy he vivido un momento de pletórica felicidad inesperada...
Resulta que esta tarde Tilo me devolvió al fin el colgante del canguro de "Vuelco" con la pata amputada (ver secuencia 124). La devolución se produjo durante el transcurso de un encuentro entre el propio Tilo, Guillermo y yo en una hortera cafetería de nombre "Estela"...
Tilo se empeñó en envolverme el colgante en servilletas para que yo no me enfrentara en la misma cafetería a la visión del canguro sin pata. "Ya lo verás cuando llegues a casa", me dijo. De este modo, se descolgó el canguro de su cuello ocultándolo con sus manos y le fabricó un improvisado envoltorio de servilletas varias que finalmente ató con dos palillos de ésos de quitarse restos de comida entre los dientes.
Salimos de la cafetería y acompañé a Tilo y a Guillermo hasta la boca del metro. Regresé a mi hogar y fue justo al llegar cuando descubrí la más terrible de las fatalidades: no sé cómo pudo ocurrir, será que estoy hecho un verdadero gilipollas despistado, pero me dejé en la cafetería, sobre la mesa, el colgante tan bien envuelto por Tilo...
La angustia me poseyó inmediatamente. Conté el olvido a Aarón y a Alfredo, que estos días se están alojando en mi casa, y no lo dudé: debía volver a la cafetería para, de cualquier manera, intentar recuperar el canguro. Aarón y Alfredo me acompañaron en la operación de rescate. Y así lo hice: volví a la cafetería para sentirme especialmente patético...
"¿Recuerdas haber recogido un envoltorio de servilletas atadas con palillos?", pregunté tristemente a la camarera señalando la mesa que un rato antes habíamos ocupado Tilo, Guillermo y yo. La camarera me miró con gesto incrédulo y descubrí que hablaba con acento portugués y que le costaba entender lo que le estaba preguntando. "He encontrado un mechero", me respondió ella. No, no he perdido ningún mechero...
Continué explicándome inútilmente, describiendo a la chica el paquetito de papel improvisado por Tilo. "¿Pero qué era?", preguntaba la camarera repetidamente, intentando comprender la razón de mi alarma. "Pues unas servilletas que envolvían un colgante con forma de canguro", contestaba yo una y otra vez. Y ella, con actitud desidiosa, negaba constantemente con la cabeza, con cara de "¿me estás diciendo que se te ha perdido un amasijo de servilletas?" y empatizando con mi pérdida menos aún que si le hubiera narrado el extravío de un zurullo de rottweiler.
"¿En qué papelera echáis la basura de las mesas?", pregunté ya desesperado. La camarera me señaló varias papeleras, una en el interior de la barra, otra en la cocina... "Nunca lo encontrarás", vaticinó un odioso anciano cotilla al que nadie le había dado vela en este (nunca mejor dicho) entierro. La camarera echó un vistazo a la papelera. "Hay tantas servilletas...", comentó con desgana.
Me encontraba a punto de rogar a la camarera portuguesa que me permitiera a mí mismo introducir mis manos en la papelera cuando... se obró el milagro. Ella extrajo algo de la basura, algo que llamó su atención tras el primer vistazo: ¡el paquetito de servilletas con el colgante dentro! La camarera me entregó el envoltorio, manchado con vete tú a saber qué pegajosas sustancias basureras, y yo sonreí y respiré aliviado ante el hallazgo.
Sospechaba que, sin pata, el canguro ya no me gustaría tanto, pero he tenido que perderlo durante un rato para ser consciente de que realmente me encanta... Mi canguro amputado mola, aunque esta tarde me asusté con la trascendental importancia que de repente adquirió en mi estado de ánimo el extravío de un incompleto cacho de madera. De pronto, no existía nada más crucial que encontrar el jodido colgante ni nada más insoportable que el asfixiante vacío de la sensación de pérdida...
Es curioso lo de las cosas que sin querer extraviamos para luego alegrarnos tantísimo al recuperarlas, porque hacía un montón que no experimentaba un arrebato de felicidad como el que me embargó cuando la camarera halló en la basura el envoltorio con el colgante. Creo que mañana haré lo imposible por perder de nuevo algún objeto que me importe. Todo con tal de rebuscar en la papelera para encontrarlo y volver a sentir durante unos minutos la absurda alegría de esta tarde...
FUNDIDO A NEGRO
19 Febrero 2006

La otra noche estuve un rato con Píter y con Pablo. Hacía tiempo que no coincidíamos los tres. Supongo que este tipo de reencuentros, tras más de cinco años de amistad intermitente, ayudan a no perder la perspectiva.
Con Píter me he mosqueado sólo una vez, pero con Pablo me habré peleado y/o dejado de hablar unas setenta y tres veces... Quizás me quedo corto. En cualquier caso, en noches como la de la foto de arriba, ninguno se acuerda de los días en que nos tiramos de los (pocos) pelos, de los "tú me dijiste" y los "yo te dije", de las llamadas sin responder, de los mensajes rastreros en los que escribimos "no pienso hablarte nunca más", de los e-mails en los que juramos aborrecernos... Hemos sobrevivido a todo eso. Y me alegro.
Y es que, por más que lo intento, no sé comportarme como un amigo normalito, estable, de ésos aburridos y de toda la vida. Yo, como mucho, soy un amigo de toda... la semana o, con un poco de suerte, de todo el mes. Soy algo así como un amigo constantemente al borde de un ataque de histeria, propenso a provocar cataclismos temporales, experto en confusiones varias y en sentimientos difusos y poco etiquetables. Me desgano habitualmente, me decepciono con facilidad y me reboto a la mínima de cambio. Dicen que "susceptible" es mi segundo nombre, pero me temo que a veces lo hago adrede. Mi mente de guionista sin ideas necesita conflictos casi tanto como respirar. Deberíais comprenderlo.
La otra noche olvidé brindar con Píter y con Pablo por la amistad sólidamente intermitente y por los futuros e irremediables cataclismos. Brindaremos la próxima vez...
FUNDIDO A NEGRO
16 Febrero 2006

El viernes pasé la tarde con Tilo. Deambulamos por bares grises y deprimentes de Vallecas, en los que bebimos cafés amargos y escuchamos canciones de Martirio...
Definitivamente, Tilo se ha propuesto descubrirme el riquísimo universo de Martirio, pero, eso sí, siempre según sus reglas. Es decir, él decide qué canciones me envía, cuáles me permite escuchar y en qué orden. Se enfada si se me ocurre buscar temas de Martirio por mi cuenta o si me bajo alguno al azar con el eMule. ¡Prohibido! Porque Tilo prefiere analizar mis gustos y opiniones sobre lo ya escuchado para luego intuir qué canciones me apasionarán más y servírmelas finalmente en bandeja. Y así vamos avanzando... "¿No te parece más bonito descubrir las canciones así, despacio y una a una?", me preguntó el otro día. Sí, no lo había pensado... Es que yo he siempre sido un prisas, un puto ansioso para todo.
En cuanto a Martirio, hace poco, y de acuerdo con el concienzudo plan "amarás-a-Martirio-a-fuego-lento", llegó el momento de disfrutar con sus geniales versiones de "Volver" y de "María la portuguesa". Y el viernes, en el iPod de Tilo, escuché por primera vez "Quisiera amarte menos", que ya se ha convertido en una de mis canciones favoritas de esta portentosa mujer, y "Estoy mala", una de la época ochentera que habla con mucha gracia de las depresiones de las amas de casa hastiadas. Abajo, el móvil de Tilo. Sobran las palabras.

El viernes, en un arrebato de cinematográfica amistad, también le cedí temporalmente a Tilo la custodia de un preciado objeto: el colgante del canguro que aparece en "Vuelco", el que Nacho le regala a Paloma. "Es bonito", afirmó él sobre el colgante. A todo esto, os habréis percatado de que Tilo usa muy a menudo el adjetivo "bonito", que yo casi había desechado de mi vocabulario por considerarlo absolutamente vacío de significado. Ahora, de repente, su dimensión semántica adquiere nuevos y desconocidos visos.
A lo que voy, que el sábado Tilo ya me anunció lo siguiente en el Messenger: "No sé si debería contártelo, pero antes de nada te diré que lo he arreglado y que no se nota nada", me tranquilizó. La cosa es que Tilo durmió el viernes con el colgante del canguro en su cuello y, al despertar, se topó con una triste realidad: al canguro se le había roto la pata... "¿Cómo se te ocurre dormir con el colgante?", le pregunté. "Y yo qué sé, no sé nada de colgantes, no sé qué se debe hacer con ellos y qué no", contestó. Aquí veis el canguro tal y como aparece en el corto.

En la mañana del sábado y, después de una rato buscándola, Tilo halló en su habitación la pata rota y la pegó cuidadosamente al cuerpo de madera. "He depositado el colgante en un cajón y lo he envuelto para que no sufra ningún daño más", comentó Tilo. "No, hombre, no te preocupes, mientras no duermas ni te duches con él, puedes seguir usándolo", le dije...
Pero el domingo, tras una tarde de ensayo con Ale y Sonia, encontré un par de llamadas perdidas de Tilo que me hicieron presentir lo peor. "Ha ocurrido una tragedia", me adelantó él cuando le devolví la llamada. "Entenderé que no quieras hablarme nunca más", añadió. Haciéndome caso, Tilo volvió a colgarse el canguro al cuello... Y la pata se despegó y se continuó rompiendo, o algo así. No sé, aún no me explico la catástrofe, pero, al parecer, el estado de la extremidad inferior del canguro ha empeorado con respecto a la primera vez que se partió. Vamos, que ya ni siquiera hay pata. "Te lo devolveré envuelto para que lo abras cuando estés a solas, no me atrevo a estar delante de ti cuando lo veas", aseguró un afectado Tilo.
Vale, ha sido un (doble) accidente y no le guardo rencor alguno a Tilo, pero estoy un poco compungido. Pronto comprobaré con mis propios ojos el daño causado y me enfrentaré a la dura visión de la pata amputada. El canguro de "Vuelco" tiene ahora una discapacidad, como yo. El paralelismo es tan cutre y facilón que no merece mayor comentario...
Ah, antes de fundir a negro, una breve posdata: esta noche de jueves, Ale debuta en "Los hombres de Paco", a las 22 horas en Antena 3. No os perdáis su prometedor personaje de chico sordo y confidente de la poli...
FUNDIDO A NEGRO
12 Febrero 2006

Hace unos días me desperté y ya no lo sentía. Y casi grité de puro alivio y de extasiante jolgorio. Ahora que se acerca el estúpido Día de los Enamorados, yo quiero organizar mi particular, única y extraordinaria Fiesta del Desenamoramiento...
Celebraré que por fin he conseguido liberarme de un atosigante sentimiento que a ratos me obstruía las vías respiratorias y me convertía en una versión obtusa y alelada de mí mismo. No se me ocurre un motivo mejor para organizar una fiesta... Estáis invitados, pero espero que no haga falta aclarar que mi llamamiento se dirige únicamente a recientes desenamoradas y desenamorados como yo. Por eso advierto desde ya que los emparejados, comprometidos, casados o embobados varios no seréis en absoluto bienvenidos a mi fiesta. "Enamorados no", se leerá en un cartel que colocaré en mi puerta de entrada.
Yo antes era escéptico. No creía que esto pudiera ocurrir así como así, pero he comprobado que a veces es posible. Es tremendamente simple: una mañana te despiertas y ya no lo sientes. Y no es fácil explicar cómo es que el sentimiento ha desaparecido sin más, pero qué más da... Lo importante es el tranquilizador alivio que experimentas y la certeza de que, al fin, ya no queda ni rastro del asfixiante yugo. Estoy curado. Los milagros existen, ahora lo sé. Ojalá pudiera saltar sobre la cama para manifestar mi desbordante alegría.
Adiós a los celos ridículos, adiós a los comentarios hipócritas, adiós a las dobles intenciones... Mi mirada se ha vuelto limpia y constructiva. Respiro aire fresco y reconfortante. Hoy realmente me la suda lo que tanto me ha mortificado en los últimos meses. Qué gilipollas he sido, cuánto tiempo perdido en memas ilusiones y en anhelos irrisorios...
En mi fiesta colgaremos globos de colores por doquier y sonarán absurdas canciones de verano aunque aún sea invierno. Eso sí, serán canciones que hablen de desamor superado y bien olvidado. De esta manera, escucharemos petardeces como "Mi mundo sin ti", de Soraya: ésa que dice lo de "por mí te puedes ir al cuerno". Pues eso, por mí te puedes ir al cuerno.
Celebraremos, en definitiva, el Día del Orgullo Desenamorado. Y brindaremos por sentirnos libres, escupiremos sobre los recuerdos dañinos, fardaremos de heridas cicatrizadas y desearemos en voz alta no enamorarnos nunca más. Nunca más. No más sufrimiento gratuito, no más lágrimas, no más prometedoras siestas de cinco horas, no más corazones invadidos sin pedir permiso... Desenamorados del mundo, unámonos.
Pero, ahora que lo pienso, he de actuar con prudencia. No quiero que en mi fiesta se cuele alguien a quien no debo invitar. Es alguien que ha aparecido hace poco, y presiento que es capaz de cargarse en un par de minutos el espíritu de mi ansiada celebración. Si me descuido, enfermaré de nuevo y todo volverá a empezar de forma irremediable... Y a la mierda la razón de ser de mi fiesta y mi orgullosa condición de convencido desenamorado. Peligro. Si no me comporto con cerebral cautela, el sufrimiento no tardará en amenazar una vez más, mi aparente felicidad se irá al garete en un santiamén y las circunstancias me obligarán a tragarme mis palabras de un momento a otro...
Vamos, que ya me veo en plan Leslie Gore, cantando el estribillo de "It's my party" histéricamente:
It's my party, and I'll cry if I want to...
cry if I want to, cry if I want to...
You would cry too if it happened to you...
Ay. Pero es que Leslie tiene razón. Que se jodan mis invitados. Es mi fiesta y lloraré si me sale de los huevos. Faltaría más.
FUNDIDO A NEGRO
10 Febrero 2006

Hace ya unos cuantos meses creé, junto a mi hermana, mi propia productora. Su nombre: Generación78 S.L., así sin más. Lo sé, el nombre tampoco es que esté muy currado, pero fue mi madre la que sugirió acertadamente la palabra "generación" y yo, en un alarde de ingeniosa brillantez, le añadí mi año de nacimiento, como si se tratara de una desidiosa dirección de correo electrónico...
Aunque el sello de Generación78 ya aparece en los créditos de "Bailad para mí", su primera producción oficial y a efectos legales, en asociación con Pedro A. Loma P.C., será "Nuestro propio cielo", el cortometraje que dirigiré dentro de un par de semanas con Ale y Sonia como flamantes y únicos protagonistas.
Tras varios aplazamientos (anuncié su rodaje en verano), cambios en la pareja protagonista y demás, "Nuestro propio cielo" se hará realidad de manera inminente. Grabaremos en vídeo digital y el resultado se transferirá posteriormente a 35 milímetros.
Y miedo me da enfrentarme a vuestra reacción, pero, definitivamente, habrá que afrontar las consecuencias de un cortometraje que espero que resulte tan desbocado como devastador, tan chocante como amargo, tan despendolado como desolador, tan desnudo como cargado de capas... A Sonia habrá que lavarle la boca con lejía tras el rodaje.
"Nuestro propio cielo" es una breve y directa exploración del reverso más recóndito, desconocido y vulnerable de nuestros deseos. El guión narra un peligroso duelo de fantasías condenado al mayor de los desastres, pero poco más se puede contar sin destripar sus claves.
Y a Ale y a Sonia tengo que agradecerles su valentía, su pasión por el proyecto y su decidida y generosa manera de entregarse a un texto plagado de riesgos y de algunas trampas. Bueno, dejo ya de vender la moto y de crearos expectativas con el corto, que tampoco es tan tremendo ni hay para tanto. Je.
He recordado ahora que cuando le hablé a Tilo hace poco de "Nuestro propio cielo", él comentó: "Espero que ninguno de los personajes diga 'nuestro propio cielo' en el corto". Y es que Tilo detesta que los títulos de las pelis sean pronunciados por los propios personajes en algún momento de la acción. De esta manera, por tanto, no le gusta que Nacho diga "mientras mi corazón da un vuelco" en "Vuelco" ni que Luis diga "que suene la música, bailad para mí" en "Bailad para mí". "Con lo bonito que habría sido que 'bailad para mí' no se dijera en ningún momento del corto...", aventuró Tilo.
¡Qué cosas! Nunca me había dedicado a pensar en la obviedad de mis títulos. Pero sí, Tilo, siento corroborarte que Ale pronunciará las palabras "nuestro propio cielo" durante el desarrollo de "Nuestro propio cielo". Bueno, ahora que lo pienso, peor habría sido que el título procediera de algunas de las frases que pronunciará el personaje de Sonia... Y ya entenderéis por qué lo digo.
De momento, arrancan las jornadas de ensayos. Es tiempo de fantasías. Habrá que tener cuidado con lo que deseamos.
FUNDIDO A NEGRO

08 Febrero 2006

20:10 pm
Es martes 7 de febrero y estoy a punto de pirarme al Cine Estudio del Círculo de Bellas Artes. Cargo con la copia en cine de "Vuelco", varios DVD's de "Bailad para mí", carteles, invitaciones...
Salgo de mi casa y descubro que mi vecino de arriba acaba de fregar el portal. "Perdona, pero mis ruedas van a pringar un poco el suelo", comento. Mi vecino, muy simpático, me dice que no me preocupe. "¿Vas de paseo?", me pregunta. Y yo me planteo si tengo pinta de salir de paseo portando una lata roja y circular (la de la copia en 35 milímetros de "Vuelco"), un montón de carteles y una pila de DVD's...
Mis vecinos no tienen ni idea de a qué me dedico, creo que para ellos no soy más que soy un tipo raro que entra y sale sin rumbo aparente, que escucha bandas sonoras a las cuatro de la madrugada y que, cuando llueve, embarra el portal con sus ruedas. No les quito razón, pero hoy, al final, termino confesando a mi vecino de arriba que, de vez en cuando, también me dedico a dirigir cine y que estoy a punto de proyectar dos cortos míos en el Círculo de Bellas Artes. Él se muestra muy sorprendido y casi incrédulo. "A ver si pronto te vemos en Hollywood", me dice. Cuántas veces habré escuchado eso...
Nota mental: debo relacionarme más con mis vecinos.
CORTE A:
21:15 pm
Estoy en el Cine Estudio. Llega Ale y luego Bernardo con unos amigos. Hablamos y bromeamos con chorradas, pero estoy nervioso, inquieto, con la cabeza en otro sitio. Aún no hemos probado el DVD de "Bailad para mí" y me preocupa que el proyector queme demasiado sus imágenes. Temo arrepentirme del look visual tan sucio y agresivo que he querido darle al corto...
Además, odio los días de estrenos y proyecciones, porque son días en los que mi ineptitud para las relaciones sociales se intensifica más de lo habitual. Me siento tarumba, torpe, ausente, y es justo el momento menos adecuado para ello. Llega más gente: Luis, Iñaki, Sara, un alicaído Cucún, ¡Gara!, Santi, que me presenta a Diego... Saludos por aquí y por allá.
Poco después, probamos el DVD de "Bailad para mí". Le pido al proyeccionista que ajuste un poco el brillo y el contraste del proyector para que la saturación de luz y color no resulte tan intensa...
CORTE A:
22:10 pm
Ya en la sala, charlo un poco con Cucún y me encuentro con Tilo, que ha venido acompañado por el gran Guillermo, a quien conozco al fin. Saludo fugazmente a ambos antes de que, micrófono en mano, me toque comenzar a hablar. Qué divertido. Balbuceo un poco hasta que consigo que el público allí congregado guarde silencio...
Quiero decir muchas cosas, pero, para variar, se me va la pinza y en seguida empiezo a divagar. Cuento que la idea de proyectar "Vuelco" y "Bailad para mí" en una sesión doble surge porque ambos cortos representan modos muy diferentes de afrontar la producción de un cortometraje.
"Vuelco" es un corto en cine, ultrasubvencionado y cuya búsqueda de financiación se alargó durante el año y medio previo a su rodaje en Tenerife, donde conté con una presupuesto holgado y un equipo de treinta personas. "Bailad para mí", en cambio, es pura visceralidad, el corto del "aquí y ahora"; hecho a bocajarro y sin un duro; escrito en un fin de semana y grabado apenas un mes después; con una cámara, un micrófono y un panel de fluorescentes como único material técnico; con un escaso equipo humano de diez personas, seis de ellos actores, y postproducido íntegramente en mi arcaico ordenador.
Mientras hablo, diviso a Sonia, que entra en la sala de forma apresurada. Le suena el móvil en medio de mi intervención y me hace gracia. Luego, Sonia me contará que quien la llamaba era Samuel, para preguntarle por la ubicación exacta del Cine Estudio. Ja. Samuel me boicotea.
En fin, cuando la divagación ya se me antoja insoportable (dice el capullo de Ale que en estas líneas utilizo demasiado la expresión "se me antoja"), cedo la palabra a los actores: Nacho (en representación de "Vuelco"), Iñaki, Bernardo, Ale, Rous, Luis y María, que llega en el último momento. Los siete hablan con menos miedo escénico que yo y todos me dan las gracias por contar con ellos. No se dan cuenta de que, en realidad, soy yo el que les debe la vida.
CORTE A:
22:25 pm
Tras "Vuelco", ahora se está proyectando "Bailad para mí". Los ajustes de brillo y contraste que le pedí al proyeccionista parecen haberse ido a la mierda. El corto se ve demasiado quemado, excesivamente contrastado. Cierro los ojos e intento aislarme. Me concentro: no estoy aquí, esto no está pasando. Dicen que "ojos que no ven, corazón que no siente", pero a mí nunca me funciona esta caca de refrán.
Noto que Rous, que está sentada a mi lado, se angustia un montón durante la secuencia de la larga agonía de Leo/Luis. Ya puestos, yo también decido dar rienda suelta a mi angustia... Motivos nunca faltan.
CORTE A:
22:53 pm
Al salir del Cine Estudio, me aborda un peculiar espectador que ha visto los cortos. Es un señor muy alto, con larga melena blanca y barba infinita a lo Gandalf. Llevándose un dedo a los labios, el clon de Gandalf me hace saber que no puede hablar, así que comienza a escribir en el reverso de una de las invitaciones. La cosa resulta un tanto acojonante por momentos. Estoy con Nacho y ambos alucinamos.
Lo primero que me escribe en la tarjeta es: "Eres humilde?", a lo que añade: "Eres mimado?", y después: "Quieres servir?", y segundos más tarde: "O mandar y molestar?", y sigue escribiendo y escribiendo, rellenando aleatoriamente cualquier espacio en blanco que encontraba entre lo que ya había escrito. ¿Tengo cara de niño mimado?
Yo asiento o niego con la cabeza ante las primeras preguntas, para después dedicarme únicamente a leer las aparentes incongruencias que escribe el mudo Gandalf. Al final, apunta: "Lo que no sirve muere". Me da la mano y su compañera, una chica oriental en silla de ruedas, me desea suerte. Aquí tenéis el resultado final de la hilarante conversación.

CORTE A:
23:14 pm
Estamos en Ducados Café. Me alegra hablar por fin cara a cara con Aitor, a quien conocí fugazmente en las dos ediciones del Festivalito de La Palma y con el que reanudé el contacto gracias a esta web que estáis leyendo. Aitor es un tipo mítico, muy ingenioso, sabio y parlanchín. Me habla de dos detalles costumbristas que le han gustado mucho de "Bailad para mí". Me hace mucha gracia que se haya fijado en un detalle en concreto: un instante absurdo en el que a Rous le molesta una pinza que sujeta su pelo, se la quita y la coloca en la cintura de su pantalón. Una risa. Debo explorar más el costumbrismo en mis guiones...
Charlo con Tilo y con Guillermo, quien me cuenta un final alternativo que se le ha ocurrido para "Bailad para mí". Lo cierto es que el final que propone Guillermo es infinitamente más perturbador que el que rodé. Su propuesta me resulta demoledora y no puedo dejar de pensar en el cariz que habría tomado el corto si se me hubiera ocurrido a mí en su momento.
Y luego está Gara... Al fin hablamos un buen rato. No sabía nada de ella desde que hace semanas recibí un incompleto y desconcertante mensaje suyo en mi móvil. En el mensaje, Gara me contaba que se encontraba a bordo de un barco, realizando una travesía entre islas... "¿Pero actuabas en algún espectáculo en el barco o algo así?", le pregunto. "No, yo estaba de marinera", me responde. Percibo una extraña melancolía en los ojos de Gara, pero es como si no hubieran pasado más de tres años desde que grabamos "Gara y los sueños". Ha crecido, pero su capacidad para fascinar permanece intacta. Quedamos en que nos volveremos a ver un día de éstos. Ella necesita que alguien le monte un pequeño video-book y yo tengo que enseñarle un par de guiones.
CORTE A:
01:43 pm
Llegan las despedidas...
Ale se pira porque tiene un casting mañana temprano. Samuel, fiel a su costumbre, se despide de mí con dos besos. A partir de ahora le llamaré "Samuel el besucón". Je.
Me despido también de Diego, que ha cargado toda la noche con mi cámara sin usar. Y doy la razón a Santi: definitivamente, Diego sí que se parece mogollón a Pablo Motos.
Un rato después, me dirijo hacia Sol con Tilo y con un alborotado Santi. He pedido que un eurotaxi me recoja allí...
CORTE A:
01:55 pm
Estoy en el taxi. Maldigo mi suerte, porque ha vuelto a tocarme el eurotaxi con el taxista más plasta que he conocido jamás. El hombre es majo, pero me pone la cabeza como un bombo con unos rollos brutales sobre la situación laboral de los eurotaxistas, sus protestas sindicales y sus opiniones sobre las deficiencias del sistema. No le escucho, cada dos o tres minutos digo "ya, ya" o "claro", pero el taxista no se conforma con ello. Me enseña incluso una revista en la que se ha publicado un artículo suyo titulado "El eurotaxi es deficitario" y ¡me obliga a leerlo!
Evidentemente, finjo que leo el artículo durante unos minutos. Al menos, así consigo que el buen hombre no me dé la brasa. Y aprovecho esos minutos para hacer balance de mi noche. Y llego a la conclusión de que mi vida es un poco deficitaria, como el sistema de eurotaxis. Y pienso en Gara a bordo del barco en alta mar, en la gorra de Tilo que tengo entre mis manos y en el final alternativo propuesto por Guillermo. Y, de paso, también imagino algunos finales alternativos para este día que concluye... Se me ocurren unos cuantos.
Cuando llego a casa, otras palabras acuden a mi cabeza: "Lo que no sirve muere". Qué mierda. Ahora lo entiendo. ¿Se referiría el falso Gandalf a mi capacidad para dirigir pelis? ¿Me quiso decir que yo no sirvo y que, por tanto, moriré como director? Qué cabrón el Gandalf...
FUNDIDO A NEGRO
04 Febrero 2006

Mi estrés de las últimas semanas ha impedido que rellene la web de "Bailad para mí" con los contenidos previstos. Como medida provisional, aquí copio algunas de las notas de dirección que escribí hace tiempo...
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Sobre la historia
Escribí "Bailad para mí" en un par de tardes a principios de mayo de 2004. Lo escribí casi impulsivamente, del tirón, sin plantearme demasiado lo que quería contar o las connotaciones que alcanzaría esta pequeña historia sobre seis amigos muy jóvenes enfrentados a la enfermedad terminal de uno de ellos.
Comencé a escribir en torno a elementos a los que ya he recurrido en otros de mis guiones: la amistad, la muerte, el calor asfixiante... Normalmente la gente asocia la tristeza y el dolor a las nubes grises, al invierno, a la lluvia... Pero el dolor también aparece en días terriblemente soleados y calurosos, en momentos que usualmente se vinculan a los aspectos más positivos y alegres de la vida.
Creo que éste fue mi escueto punto de partida: hablar de sufrimiento en una paradójica jornada veraniega y luminosa, contando una historia protagonizada por seis amigos, cuatro chicos y dos chicas, todos atractivos, de clase media-alta, con veintipocos años, vestidos con ropas de colores chillones, como si hubieran quedado para ir a la piscina. Pero no han quedado para ir a la piscina, ni mucho menos. A partir de aquí, el argumento del corto empezó a cobrar forma.
Leo, Willy, Lola, Santi, Marcos y Sara son muy amigos desde hace años. Forman un grupo perfecto, compacto, idílico. Cuentan inquebrantablemente los unos con los otros, se quieren conociendo sus defectos, se apoyan, se soportan... Pero uno de ellos, Leo, se encuentra enfermo desde hace meses. Da igual su dolencia; sólo importa el hecho de que va a morir, pronto, y que su salud y su estado físico degeneran con cada día que pase, que su sufrimiento se agrava a medida que se acerca el momento de su muerte... Abajo, María (Sara en el cortometraje) se encarga de maquillar a Luis, el actor que interpreta a Leo.

"Bailad para mí" comienza cuando la enfermedad de Leo se encuentra muy avanzada. Ya no hay remedios médicos que le proporcionen alivio, ya no tienen sentido las visitas al hospital. Leo espera su muerte día tras día en su casa; ya es incapaz de valerse por sí mismo; su debilidad aumenta progresivamente y necesita a sus amigos para llevar a cabo las tareas más básicas y cotidianas. Su cuerpo es únicamente una fuente constante de acuciantes dolores... Las preguntas caen por su propio peso: ¿para qué esperar más? ¿Por qué no acabar con todo cuanto antes?
"Bailad para mí" es una historia de amistad extrema, condensada y a bocajarro; una modesta vuelta de tuerca alrededor de peliagudas cuestiones que para mí tienen difícil respuesta. Leo pide a sus amigos que le ayuden a morir, que le ayuden a adelantar un final evidente. Les pide además que le acompañen en sus últimas horas de vida, que se comporten como si nada pasara, que revivan una de sus antiguas reuniones en las que tanto han disfrutado. Leo quiere una última fiesta, un último encuentro en el que se obvie su enfermedad, en el que suene la música y la felicidad reine, en el que sus amigos bailen para él.

Leo desea morir y desea hacerlo de la forma más sencilla y rápida posible, quedándose dormido mientras escucha la cháchara apacible y familiar de sus cinco mejores amigos, pero no todo sale como él espera. Sus últimas horas serán agónicas y caóticas, y sus amigos, atosigados además por el asfixiante calor, afrontarán, desorientados y desbordados, una tesitura para la que nadie les ha preparado, que nadie les dijo que tendrían que vivir.
He querido contar esta historia sin apartar la mirada ante lo incómodo o lo desagradable, sin intentar suavizar el sufrimiento de los personajes e introduciendo algunas pinceladas de humor negro. Y es que, a pesar de la breve duración del cortometraje, mi intención es mostrar el dolor de forma contundente y casi pornográfica, de forma gráfica y realista. Así y a pesar del riesgo que esto conlleva, la cámara capta sin reservas la agonía de Leo y, por extensión, la de sus amigos.
Creo que el cortometraje no se posiciona en ninguna dirección, ni busca nada más allá de que el espectador se pregunte por unos minutos qué haría él si uno de sus mejores amigos se encontrara en la situación de Leo y le pidiera un último favor como éste. "Bailad para mí" no es una historia sobre la eutanasia, igual que tampoco trata de Leo y de lo que él desea; este aspecto es anecdótico. Dentro de su formato corto, he primado que la historia esboce apuntes en torno a las fronteras de la amistad y al choque entre conceptos tan antagónicos como muerte y juventud. Es una historia que gira, principalmente, alrededor del miedo, la indefensión y el desconcierto ante determinadas faenas del destino. En la foto de abajo, María escucha música y se concentra antes de grabar uno de sus planos.

En "Bailad para mí" no hay apologías ni cantos a la vida; sólo se plantea una situación, y a partir de ella se lanzan unas cuantas preguntas, mientras se construye una fugaz historia sobre el dolor y el sacrificio; sobre una incierta e interminable cuenta atrás; sobre la pérdida de un ser querido y la relatividad de los principios morales; sobre la desasosegante e incontestable desolación que la muerte, se produzca como se produzca, genera entre aquellos que son testigos cercanos de ella.
Sobre el aspecto visual
La oscuridad que encierra la historia que se cuenta en "Bailad para mí" nunca se hace presente. La luz es un personaje más en el cortometraje, porque quise desterrar de cuajo la sola presencia de cualquier tipo de tinieblas en la fotografía.
Las últimas horas de vida de Leo transcurren, como se ha dicho, en un día tremendamente caluroso, bajo un cielo azulísimo, totalmente despejado. Así, la luz penetra de manera implacable por las ventanas de la casa de Leo, inundando las habitaciones y recordando a los protagonistas que están cumpliendo el último deseo de su amigo en un día en el que hace un año se encontraban todos juntos en la playa, de juerga... Cualquier vida puede cambiar en un segundo y "Bailad para mí" habla de esto también.
He querido que la fotografía y el vestuario de los actores destilaran vida y festividad. Estoy convencido de que la luz puede volverse un elemento insoportable en determinadas circunstancias, y en el corto este elemento es omnipresente, agobiante, incontrolable. Por otro lado, los atuendos que visten los personajes son, inevitablemente, propios de la época del año: camisetas de colores, pantalones cortos, chanclas... Todo parece preparado para una explosión de frívola y dicharachera superficialidad, pero la realidad será otra bien distinta.
La mayor parte de la acción ocurre en la pequeña sala de estar de la casa de Leo. Contamos con un equipo de iluminación mínimo, apenas un par de paneles de fluorescentes, y el trabajo con Juan Carlos, el director de fotografía, consistió en arrojar una matizada luz sobre los actores. Al mismo tiempo, se colocaron difusores en las ventanas para que entrara la luz diurna pero sin que el espectador pueda ver a través de ellas. Los personajes aparecen así aislados en una pesadillesca y claustrofóbica burbuja. La vida en el exterior sólo se presiente y se escucha.
No sólo la luz es protagonista en "Bailad para mí". Tampoco el calor abandona a los personajes en ningún momento, haciéndoles sudar, acrecentando la sensación de asfixia y claustrofobia en la casa, volviéndolo todo más sucio, más pringoso, más inaguantable... Este aspecto apenas tuvimos que recrearlo, ya que el corto se grabó el último fin de semana de julio, en un par de días muy calurosos en Madrid. El calor aplastante, por tanto, no hubo que fingirlo: lo sufrimos, tanto los actores como todo el equipo, encerrados en una infernal vivienda-horno, mi propia casa, de escasos cincuenta y pocos metros cuadrados. Abajo, Ale con cara de "estoy hasta los huevos del calor y de esta casa".

Por último, en el aspecto formal del corto también es clave el uso de la cámara. Utilizamos la cámara CanonXL1S siempre en mano o al hombro, constantemente vibrante y nerviosa, amenazante, presagiando el caos, siguiendo a los personajes sin compasión y sin reparos, inmiscuyéndose con absoluto descaro en el sufrimiento de Leo y sus amigos...
FUNDIDO A NEGRO
03 Febrero 2006

Cucún y yo encontramos este vaso en una mesa del Starbucks Coffee. Gabriela estuvo allí antes que nosotros. Y, sin nada mejor que hacer, investigamos el tipo de café que tomó ella. Y nos dedicamos a aventurar cómo es Gabriela, qué edad tiene, a qué se dedica, de quién está enamorada... Cosas de la estúpida manía del Starbucks de escribir los nombres en los vasos...
Eso sí, nos asqueamos cuando quitamos la tapa y a mí me pareció vislumbrar una especie de tampón usado en el interior del vaso. Al final resultó una falsa alarma: lo que había dentro era en realidad un desagradable remolino de servilletas... Qué lástima. Si hubiera sido lo que me pareció en un principio, nos habríamos convertido en fans inmediatos de Gabriela, esa chica acostumbrada a cambiarse el tampón en el servicio del Starbucks para luego introducirlo en el mismo recipiente en el que ha tomado el típico mejunje lechoso que te sirven allí pidas lo que pidas.
En la foto de abajo, Cuc reflexiona sobre el previsiblemente fascinante modo de ser de Gabriela. Atención a la señora cotorra de detrás, la de azul, que no paraba quieta ni un segundo. Ya puestos, también intentamos imaginar la vida de la mujer de azul, pero lo cierto es que llegamos a conclusiones mucho menos ensoñadoras.

Cucún y yo acabamos en el Starbucks Coffee tras un frustradísimo intento de almorzar en... ¡el Planet Hollywood! Y es que... ¡lo han cerrado! Me pregunto por qué, si se trata de un cierre definitivo o algo así. De todos modos, sé lo que estáis pensando, no creo que se os ocurra algo más retro que comer, a estas alturas de la vida, en un restaurante de la franquicia fundada por Bruce Willis, Schwarzenegger y Stallone en su momento de máximo apogeo popular... Por desgracia, el Planet Hollywood, al menos el de Madrid, ha seguido los mismos y alicaídos pasos que la carrera cinematográfica de sus tres socios accionistas.
El sitio ya no era ni la sombra de lo que fue ni se habían molestado en cambiar la decoración en los muchos años que han pasado desde que se abrió (sus paredes seguían pobladas de atrezzo, falso por supuesto, de pelis tan olvidadas como "La máscara" o "Cop Land", por no hablar del cochambroso Terminator de la entrada), pero a mí me ha causado un profundo y traumático impacto el hecho de contemplar sus puertas cerradas.
"Vamos al Vips, que hace frío", propuso Cucún inmediatamente después de que nos encontráramos con la nefasta realidad del cierre del restaurante. "Dame dos minutos para asimilarlo", le pedí con voz afectada. Cuc es un insensible. ¿Cómo pretendía que cambiara así como así un mítico Planet Hollywood por un cutre e impersonal Vips? Al fin y al cabo, yo aún comía en el Planet algunas veces e incluso cenamos en una de sus mesas el día en que Irene cumplió dieciocho años. Además, ¿dónde celebrará ahora Belén Esteban los cumpleaños de Andreíta? Vale, paro ya con los comentarios petardos...
De verdad deseo que el cierre haya sido meramente transitorio. Me pasaré un día de éstos por allí para comprobar si está abierto de nuevo... Ojalá. Recuerdo la primera vez que almorcé en el Planet Hollywood. Fue en el verano de 1999, cuando hacía prácticas en Torrespaña y por las tardes me dedicaba a deambular por Madrid sin amigos ni conocidos en la ciudad. Aluciné bastante esa primera vez y, en plan niñato flipado, llamé a Nauzet para narrarle lo que veían mis ojos en las paredes... "¡Está el sombrero de Indy!", le conté. Luego descubrí que, bajo el sombrero, había una placa en la que podía leerse: "Sombrero como el que se usó en 'Indiana Jones y el templo maldito". Como el que se usó... Esto no se lo conté a Nauzet, pero sólo había que leer las placas para toparse de bruces con el fraude engaña-bobos que realmente era el Planet Hollywood. Aún así, a ratos, los fraudes tienen su gracia y aquel verano yo necesitaba que me engañaran un poco para no escapar a Barajas y huír a Lanzarote en el primer avión que despegara.
Volviendo al Starbucks, mirad abajo para comprobar que hay gente que parece no haber visto nunca una camarita de vídeo. Je. Me refiero a una de las camareras, que me miraba y sonreía coquetamente cada vez que pasaba por detrás de Cucún y atravesaba mi encuadre chupando cámara. "Uy, ésta quiere un papel", aseguró Cuc. Pues era fotogénica la chica.

El encuentro con Cucún, en cualquier caso, resultó propicio para las frases lapidarias. También ayudó el hilo musical del Starbucks Coffee, que parece una selección de cancioncillas propias de un episodio de "Dawson crece" o "Felicity". Y es que yo ando necesitado de frases lapidarias estos días...
Resulta que he empezado como dialoguista en una telenovela que pronto se comenzará a grabar. Y esta semana he dialogado mi primer capítulo. Ha sido una experiencia curiosa. Como todo buen culebrón, las escaletas están plagadas de conspiraciones, puñaladas traperas, crueldad, venganzas, secretos oscuros, encontronazos, discusiones, adulterios, pasiones prohibidas, comentarios malintencionados... He cogido cariño instantáneo a algunos personajes, sobre todo a las tres o cuatro pécoras viperinas que campan a sus anchas haciendo y deshaciendo en el argumento con sus villanos actos. Las malas siempre estimulan más que las buenas.
Si, tras dialogar este primer capítulo, no me despiden fulminantemente por mi exceso de intensidad, creo que disfrutaré con el encargo. Para un guionista como yo, obsesionado con la contención y la sobriedad, dialogar una telenovela es un sano desahogo. Disfrutaré escribiendo frases extremas, descarnadas y sanguinolentas, pero me temo que, para ello, en busca de inspiración, deberé acrecentar el tono telenovelesco de mi propia vida. Creo que no me costará especial esfuerzo...
Que se preparen aquéllos y aquéllas que me conocen, porque voy a ser más insoportable que nunca en pos de acumular frases lapidarias para usarlas luego en los diálogos de los capítulos. Provocaré que os enfadéis constantemente, que me odiéis, que me abofeteéis, que me escupáis todo tipo de improperios a la cara, que me maldigáis antes de arrojarme escaleras abajo. Y tomaré nota de todo...
Voy a enamorarme cada día para romper a la mañana siguiente, porque necesito amar de todas las formas posibles así como probar todos los tipos de rupturas habidas y por haber. Me hace falta escuchar y pronunciar las frases más cursis del universo y también las más crueles. Me encargaré de abandonar a quienes haya amado el día anterior y también fomentaré que me abandonen a mí como a un perro. Me pelearé con mis amigos, me tiraré de los pelos incluso con desconocidos. Lloraré, gritaré, sufriré mucho y me desgarraré de dolor a todas horas. Y también conseguiré que lloren, griten, sufran y se desgarren por mí. Y seguiré tomando nota de todo...
Arranca una nueva era. Os necesito como conejillos de Indias. Que levanten la mano los/as voluntarios/as. Bienvenidos al culebrón.
FUNDIDO A NEGRO
01 Febrero 2006

El otro día Ale me pasó un spot que rodó no hace mucho para un teléfono italiano de información general. El spot en cuestión nos hace creer que si llamamos al 1288, Ale nos contestará con su grata sonrisa y su amabilidad nata. Probad a llamar y si no es así, quejaos al defensor del consumidor por publicidad fraudulenta...
La cosa es que, en el anuncio, Ale habita en un espeluznante mundo poblado por monigotes rojos que conviven como si nada con los seres humanos. Y el pobre Ale es casi acorralado y violado por dos de estos bichos. ¡Resulta tan escalofriante! Es coña. En realidad, los monigotes salidos solamente le meten mano, y casi hasta la lengua, pero siempre de buen rollo (tal y como muestra esta foto de abajo).

Lo cierto es que conozco a algunas, y a algunos, que pagarían por ser durante un rato uno de los muñecotes rojos que soban a Ale, pero, como soy discreto, no daré nombres. Ja. En fin, si queréis aprender a meter mano sin que os rechacen, echad un vistazo al spot completo en la web oficial del 1288. Cuidado: la canción es pegadiza. Y digo yo que no querréis que os venga a la cabeza en el momento más inesperado y acabar tarareándola, por ejemplo, mientras hacéis vuestras necesidades...
Ya he afirmado alguna vez que de mayor quiero ser Ale, ¿no? ¡Pues lo repito! No ha nacido bicho rojo alguno capaz de competir con su clase, su mágica presencia ante la cámara y su inconmensurable talento. Todo este peloteo es para conseguir que me perdone por haberle hecho esperar el otro día cuarenta y cinco minutos a la intemperie... Je. ¿Qué culpa tengo yo de haber nacido tardón?
Luego escribo más, que ahora necesito imperiosamente desconectar un poco con el capítulo doce de la segunda temporada de "Lost". ¡Viva Ana Lucía!
FUNDIDO A NEGRO

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